No somos islas (2013 - 2018...)


En "No somos islas", Ordóñez nos muestra paisajes poéticos con una intención marcadamente reflexiva y transformadora. Las fotografías de esta serie, creadas a partir de formas simples, captan la belleza sencilla de las islas, una belleza que tiene la capacidad de conmovernos y conectarnos con la pureza de la naturaleza. Paisajes que, de modo simbólico, representan el vínculo telúrico entre todos los seres humanos.

































 

 

 

Isla: Porción de tierra rodeada por agua. Y también una zona claramente separada del espacio circundante, en estaciones, aeropuertos, vías públicas, etc.

Así nos vemos con demasiada frecuencia: como islas, separados y desconectados del resto de la humanidad. Rodeados por un espacio vacío que, de manera ilusoria, nos protege de una sociedad que creemos hostil.

Pero la realidad es otra. Las islas no flotan en el mar, son tierras emergidas desde la corteza terrestre y conectadas con la parte sólida del planeta. Del mismo modo, todos los seres humanos estamos interconectados mucho más de lo que podemos imaginar, y también con la propia naturaleza.

No somos islas y las islas tampoco lo son.


Thomas Merton, escritor, teólogo y místico (1915-1968), en 1955 escribió: “No man is an island”. En este libro describe nuestra profunda e invisible vinculación con las personas que nos rodean y con todo el género humano, por más que intentemos alejarnos, aislarnos o desvincularnos de los demás.

“No somos islas, formamos parte de una sociedad, y aunque no lo sospechemos, aunque no lo queramos, incluso aunque tratemos de evitarlo, nuestros actos, de cualquier signo, tienen una repercusión directa o indirecta sobre los demás y sobre nuestro entorno. E inversamente esas mismas personas, nuestro ambiente social y las noticias que nos llegan de los lugares más lejanos, afectan de una manera u otra nuestro pensamiento, lo que sentimos y cómo actuamos”.

“Nada, absolutamente nada tiene sentido, si no admitimos que las personas no son islas, independientes entre sí; toda persona es un pedazo del continente, una parte del todo”. (Thomas Merton, 1955).

 

¿Cómo trasladar esta idea del logos al lenguaje fotográfico?

 

Inopinadamente, una posible respuesta me llegó en un viaje a Canarias. Absorto por la visión del vasto océano ―a ratos embravecido y a ratos sosegado―, y del fuego latente presente en las rocas volcánicas, me sentí más conectado que nunca con mi entorno visible e invisible. Contemplando la belleza pura y verdadera, empecé a experimentar el vínculo del que hablaba Merton. (C. Ordóñez)

 

Los mares que aparentemente nos separan, son los mismos mares que nos dan la vida y que han permitido la conexión entre todos los pueblos de la Tierra. Las rocas isleñas, aparentemente desconectadas del resto del mundo, siguen mostrando su indisoluble unión con la corteza terrestre en su pasado volcánico.

El proyecto “No somos islas” juega con la aparente contradicción entre el propio título y los lugares donde están creadas las obras (siempre en islas), con el objetivo de activar nuestro espíritu crítico y la capacidad para cuestionar paradigmas establecidos.

Sus paisajes poéticos, de un modo simbólico, representan el vínculo telúrico entre todos los seres humanos. Nos muestran una belleza sencilla ―casi abstracta― que tiene la capacidad de conmovernos y conectarnos con la pureza de la naturaleza y la energía vital de la Tierra. Una belleza que nos recuerda que, como integrantes del todo, también somos parte de su esencia. También somos naturaleza.